La Acusación, una de las armas secretas de Satanás

La Acusación, una de las armas secretas de Satanás #CelestialStereo

Hemos escuchado en muchas ocasiones que Dios siempre nos ve, que sus ojos no cesan de conocer nuestro diario proceder, pero muchas veces olvidamos que Dios no es el único que está pendiente de todo lo que hacemos, pues tenemos un  adversario, un personaje que nos odia acérrimamente y que busca constantemente nuestra caída: Satanás.

Una de las principales estrategias utilizadas en medio de la guerra es la de analizar el bando contrario, y con relación a la batalla de la fe que libra el cristiano, resulta importante estudiar lo que nos revela la palabra acerca de una de las facetas de nuestro enemigo por excelencia: la acusación.

El diablo se avergüenza cuando no encuentra nada malo que decir del cristiano:

 Tito 2:6 dice: “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad,  palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.”

La conducta del cristiano es el punto de observación del diablo, si somos prudentes en medio de la batalla debemos considerar como algo muy relevante si estamos dando ejemplo de buenas obras, pues hay personas que consideran que lo importante es agradar solo a Dios, y bajo esa excusa no tienen cuidado del testimonio que están dando con su comportamiento, lo cual no solo afecta a las personas que puedan considerar su caso, sino que también es una forma de darle lugar al enemigo quien tendrá motivos para acusarnos y hacernos quedar mal ante Dios y los hombres.


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En Tito se nos recomienda que nuestra enseñanza sea integra, seria, como palabra sana e irreprochable, pues eso de que la palabra sea irreprochable y con integridad en nosotros no es otra cosa que lo que promulguemos no puede ser solo cuestión de labios, sino que nuestros frutos deben testificar la eficacia de la piedad, pues como dice 2 de Timoteo 3:5 hay personas que tienen “apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”, así que no podemos ignorar que nuestro enemigo está buscando algo malo que decir de nosotros, él quiere demostrar a toda costa que el Cristiano no ama a Dios, por eso no está dispuesto a dejar pasar desapercibido ninguno de nuestros tropiezos, pero con la ayuda del Espíritu Santo podemos traerle vergüenza y obtener la victoria en nuestras vidas.

El enemigo nos observa y está buscando algo de que acusarnos:

Job capítulo 1 versos del 6 al 12 nos revela la impactante historia de Job y el proceder de satanás para acusarle: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella.  Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.”

Si no tuviéramos esta revelación en las Escrituras acerca del proceder de nuestro enemigo seguramente tendríamos muchas dudas y dificultades al momento de pelear la batalla de la fe, pero a Dios le ha parecido bien dejarnos conocer que, aunque no lo creas, satanás está obsesionado con destruirnos, por lo cual muchas veces intentó hacerle daño a Job para que blasfemara contra Dios, pero no pudo porque Dios guardaba a su siervo, demostrándonos así que nada puede hacernos el diablo si Dios no se lo permite, y si el Señor permite que seamos probados es porque espera que igual que Job salgamos victoriosos de la tribulación, demostrándole al mundo y al mismo diablo que como dice el primer mandamiento amamos a Dios sobre todas las cosas.

Esta palabra también nos revela que satanás rodea la tierra y en su recorrido observa a cada hombre, en donde los íntegros llaman su atención y recuerda por su nombre, pues ha considerado seriamente su proceder y como lograr su caída. Ante los ojos del diablo, los que le siguen su juego y  andan en el mundo y en el pecado, no resulta un centro de atención, pues su tema de conversación son precisamente aquellos que quieren agradar a Dios.

La actitud del enemigo al referirse a Job refleja que él tiene muy claras todas las bendiciones que Dios nos da, él cuenta una por una las misericordias de Dios sobre nuestras vidas, y es más, le da envidia e ira el darse cuenta que Dios ha colocado un cerco de protección sobre cada una de ellas.

La acusación del enemigo es de 24 horas y sobre todos los hijos de Dios:

Apocalipsis 12:10 dice: Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”

La lucha del Cristiano sobre la tierra no es fácil, es una batalla de 24 horas y 7 días a la semana, satanás no está dispuesto a darle reposo a ninguno que sea hijo de Dios, pero llegará un día en que la autoridad de Cristo nos revestirá de salvación y nos hará libres para siempre al ser presentados como justos delante de su trono, no por nosotros mismos, sino por la obra redentora de nuestro Cristo.


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El enemigo sabe que le queda poco tiempo, él sabe que un día será lanzado fuera y que no podrá acusarnos más, por eso no toma descanso en su deseo de destruirnos y de hallar algo de que acusarnos ante Dios, así el mismo tenga que poner la piedra de nuestra caída.

La batalla nos exige vivir sobrios y velando:

1 de Pedro 5:8 nos enseña: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”.

Este conocido pasaje de la Biblia nos exhorta a no ser guerreros descuidados, pues así como el enemigo no descansa en buscar nuestra caída y encontrar de que acusarnos, nosotros tampoco podemos dejar de velar por nuestra salvación con temor  y temblor.

Al igual que en la historia de Job, este pasaje nos ratifica que el enemigo anda merodeando en busca de alguien a quien destruir, y nos añade que su actitud es como la de un león, cuyo apetito se inclina por los hijos de Dios, quienes en todo el mundo y sin distinción, también tienen que padecer su persecución y asedio, que al igual que el de un león resulta feroz y exhaustivo para la presa, a tal punto que si bien no logra la caída, en todo caso trae sufrimiento al hijo de Dios.

La resistencia y firmeza en la fe es la clave para vencer a ese león rugiente, que aunque amenaza con sus bramidos, no tiene poder sobre el hijo de Dios que resiste la prueba y la tentación; el hecho de que su fuerza y agilidad nos estremezca, no implica que debamos ceder ante sus demandas. Si alguno se pregunta ¿Que ruge el león contra el cristiano?, basta solamente que se remita a la cita de Job 1:6.12 para comprender la clase de improperios que dice contra los hijos de Dios.

El espíritu acusador de Satanás se manifiesta a través de las personas:

Lucas 6:7 narra que: le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo  lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle.”

En diferentes apartes de la Biblia observamos como los mismos seres humanos han sido utilizados por el enemigo para acusar a los hijos de Dios, así que no se nos debe hacer raro si esa actitud diabólica de la acusación la encontramos en nuestros semejantes.

Motivados por la tentación del enemigo muchas personas buscarán nuestra caída, y estarán atentos a encontrar fallas en nuestras vidas con las cuales puedan justificar su propio pecado, por eso es tan importante que el cristiano se mantenga íntegro y resistiendo a la fe, para que de esa manera no encuentren de que acusarnos.


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Por definición acusador es aquel que delata, difama, inculpa o como de manera popular se dice, es el que actúa como soplón. Una actitud tan desagradable no puede tener parte ni suerte con el cristiano, y aunque seamos objeto de acusación, no nos igualemos al enemigo, y dejemos tengamos consideración de nuestros semejantes para no acusarles sino ayudarles.

Aunque el enemigo nos acuse Dios quiere y puede limpiarnos:

Zacarías 3:1 nos cuenta: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel.  Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie. Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar.”

Esta conmovedora historia acerca de un encuentro misterioso entre Dios, el enemigo y un hombre, nos deja ver el amor y la misericordia de nuestro Creador al traer limpieza y no condenación sobre el acusado. Reprensión es lo que le espera al enemigo al estar presto a acusar a los hijos de Dios.

Dios conoce nuestra debilidad, y él sabe que en esta carne estamos expuestos a fallarle constantemente, y aunque el enemigo también conoce nuestra condición, esto no es motivo de consideración alguna para él, sino por el contrario trata de sacar ventaja de ello.


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Somos un tizón arrebatado del incendio, así como la naturaleza del tizón es que al acercarse al fuego se encienda su llama, la condición del hombre es continuamente al mal y al pecado. Génesis 6:5: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Pero Dios nos ha sacado del incendio, Dios nos ha tomado para sí, y para todo aquel que se arrepienta y crea en Jesucristo como su Salvador, hay esperanza de ser limpiado y renovado para ser su hijo.

El enemigo anda buscando manchas en nuestras vestiduras, él quiere que en nuestras vidas haya suciedad espiritual, pero Dios quiere vestirnos con roa limpia, con ropas de gala y santificarnos, solamente nos pide que andemos en sus caminos y que guardemos su ordenanza, y de esa manera el enemigo no podrá tocarnos.

Llama la atención en este pasaje, que Dios reprendió a Satanás por nombre propio, lo identificó como el adversario que quería acusar al sacerdote, y que lo reprendió invocando su santo nombre, al expresar: “Jehová te reprenda, oh Satanás”.

 

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